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El blog sigue vivo!

Ya han pasado unos seis meses desde que volvimos del viaje y aún seguimos recibiendo bastantes e-mails y comentarios. Sólo queríamos aclarar que eso nos encanta! Si llegáis a este blog viajando por Google y tenéis alguna pregunta/duda, no dudéis en contactarnos! Evidentemente no somos ningunos expertos, pero os podemos dar nuestra humilde opinión sobre ciertas cosas que ya nosotros hemos vivido más de cerca.

Por ahora el blog sigue vivo gracias a sus lectores… pero esperamos que a finales de este año vuelva con energía desde Birmania! :)

Sabemos que la mayoría de los que leíais este blog ya no lo hacéis porque sabéis que hemos vuelto a casa y que ya no seguimos dando tumbos por Asia; pero todo lo que empieza ha de acabarse. Nuestro frenético paso por la India no nos permitió tener las ganas y la calma mental para escribir lo que estábamos viviendo, y quizás una vez pasado un tiempo daremos una opinión sobre ella menos visceral de la que hubiéramos dado entonces, completamente aturrullados por las circunstancias.

Cruzamos la frontera entre Camboya y Tailandia por quizás uno de los pasos fronterizos más transitados de Asia. No debido al turismo, sino por los casinos “de estrangis” que hay entre el paso fronterizo camboyano y el tailandés, atractivo indiscutible para los ricachones tailandeses, que buscan ganar dinero con la práctica de una actividad ilegal en su país. A pesar de todo, el paso fronterizo es tranquilo y lo más agradable de todo es que no hay que pagar ni un duro para entrar en Tailandia – se agradece después de habernos dejado tanto dinero en impuestos al turista.

Desde Bangkok, que nos ofreció una experiencia reducida a un viaje en taxi – en el que no dudaron en ofrecernos insistentemente espectáculos de sexo en vivo – , una hora debajo de un tejado esperando a que pasara una tormenta y una noche en un hotel cerca del aeropuerto, cogimos un avión hacia Calcuta. No negaremos que estábamos bastante nerviosos por nuestra llegada a la India. Sobre todo Margara, obsesionada por comprarse ropa ancha para que no la miraran ni tocaran los indios.

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El plan era pasar en Calcuta una sola noche. Y menos mal que no más! Nada más llegar al aeropuerto y tras evitar que nos estafaran muchísimo para llevarnos al centro de la ciudad, cogimos un taxi en el que vivimos el trayecto de más tensión del viaje. Cómo es posible que no se maten conduciendo así! El número de habitantes de Calcuta es desconocido, se sabe que está entre 14 y 20 millones de personas. Imaginad ahora a toda esa gente conduciendo, sin tener en cuenta los carriles, sin semáforos, y con la creencia de que cuanto más se peguen al de delante mejor; en definitiva, que cuanto menos sigan las normas de la circulación, más rápido llegarán.

Infinitos claxons sonando a la vez, miseria y más miseria, basura y más basura. A pesar de las muchas sonrisas en las caras de la gente, sean pobres o ricos,  y sus ganas de vivir,  Calcuta te hace sentir ganas de huir. Menos mal que encontramos un  pequeño refugio en los jardines del Victoria Memorial, donde pasamos casi toda la tarde, evitando pensar en el momento de volver a enfrentarnos a la jungla de la ciudad.

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Menos mal que un día más tarde, Varanasi nos hizo reconciliarnos con la India…

P. D. No, no hay fotos de las calles de Calcuta. Ni nos atrevimos a sacar la cámara! :(

Angkor, día 2

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Angkor, día 1

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A lo largo de este viaje, nuestro “modus operandi” ha consistido en llegar y buscar hotel sobre la marcha, lo que nos ha causado algún que otro dolor de cabeza, sobre todo en ciudades grandes. En el caso de Siem Riep, donde se encuentran las ruinas de Angkor, pensamos que dado lo turísticamente masificado que es, debíamos reservar hotel con antelación y así evitar los engaños de los tuctuqueros que trabajan a comisión con los diferentes hoteles y hostales de la ciudad.

Con la ayuda de la guía de viaje, contactamos con el hotel Prince Mekong Villa. Su dueño, un suizo más o menos en sus cincuenta y con 8 años de vida camboyana a sus espaldas, nos sorprendió nada más llegar con un valioso consejo: la mejor forma (según su punto de vista, claro) de visitar las ruinas de Angkor.

El punto más importante del asunto es empezar a visitar las ruinas a las 5am. Sí, suena duro , y realmente lo es, pero la oportunidad de poder ver aquellos maravillosos templos sin ningún turista alrededor merece hasta el más grande de los sacrificios. A continuación os detallaremos la ruta que seguimos durante los 2 días que visitamos la zona, con la idea de que algún día esta información pueda servir a cualquier otro viajero que se adentre por la grandiosa zona selvática de Siem Riep.

Día 1
Medio de transporte: bicicleta.
Equipo necesario: buen calzado, mucha agua y unas piernas fuertes y esbeltas como las nuestras, ja! :P
Distancia recorrida: alrededor de 45 Km.
Duración: 10h.

  1. Salida del sol en el templo Phnom Bakheng.
  2. Seguir recto hasta la puerta Sur de Ankgor Thom. Justo al cruzarla, girar unos metros a la izquierda y subir una pequeña cuesta de arena hasta subir al muro. Allí encontrarás un camino espectacular de unos 3 Km, que sigue el trazado del muro hasta llegar a la puerta Oeste.
  3. Al llegar a la puerta Oeste de Angkor Thom, sigue recto hasta llegar al templo Bayon (famoso por las esculturas de caras).
  4. Saliendo de Bayon, sigue dirección Norte dejando la terraza de los elefantes a la izquierda; una vez allí gira hacia la derecha, donde verás las Prasats Sour Prat (las doce torres), y dirígete hacia la Victory Gate (Puerta de la Victoria).
  5. Al salir de Angkor Thom, sigue el camino y visita el templo de Ta Keo.
  6. Tras Ta Keo, sigue el camino de nuevo hasta llegar hasta la siguiente señal de Toilet. Mirando hacia los baños, a la izquierda hay un pequeño camino de tierra que lleva al templo Ta Nai, casi imposible de encontrar si no te dicen cómo llegar, al no estar siquiera señalizado. El camino de tierra tiene varias bifurcaciones. Para no perderse, hay que hacer lo siguiente: al pasar el primer cruce, en el que girarás ligeramente a la izquierda, elige siempre la bifurcación hacia la derecha. Es aproximadamente 1Km de camino, pero como recompensa visitarás quizás el templo más mágico de las ruinas de Angkor, completamente abandonado y sumergido en la selva.
  7. Vuelve hasta el Toilet y sigue el camino y visita el templo Ta Prohm.
  8. Al salir de Ta Prohm, sigue el camino y gira en la segunda a la derecha. Esto te llevará al plato fuerte del día: Angkor Wat.
  9. 9. Coge aire y fuerza para recorrer los aproximadamente 10 Km que separan Angkor Wat y el centro de Siem Riep.

La ruta es dura y larga, pero tiene la ventaja de que casi todos los templos los podrás visitar con toda tranquilidad, y como mucho, con 3 ó 4 personas más a tu alrededor.

Día 2
Medio de transporte: tuc tuc (unos $15 todo el día).
Equipo necesario: buen calzado, mucha agua, y anti-agujetas :D
Distancia recorrida: alrededor de 95 Km.
Duración: 9h.

Como el conductor se ocupará de llevarte de un sitio a otro, sólo hay que preocuparse del orden de visita de los templos.

  1. Salida del sol en Angkor Wat. Es el único momento en que estarás rodeado de turistas, pero es un momentazo para hacer buenas fotos.
  2. Pre Rup.
  3. Banteay Sray.
  4. Banteay Samre.
  5. East Mebon.
  6. Ta Som.
  7. Neak Pean.
  8. Proah Khai.

Esta ruta, al igual que la anterior, está pensada para ir esquivando a los autobuses llenos de chinos, koreanos y vietnamitas que oKupan los templos a ciertas horas…

Y en los siguientes posts vendrán las fotos :)

Phnom Penh

Phnom Penh es una capital que hasta hace muy pocos años estaba totalmente abarrotada de prostíbulos, droga y corrupción. Hasta la década de los 90, e incluso todavía ahora un poco, eran mucho los occidentales que venían hasta Camboya para aprovecharse de la pobreza del país y abusar de las niñas de las familias más pobres, incluso con el consentimiento de los padres. En parte gracias a la ayuda internacional, ahora hay muchas campañas humanitarias que luchan contra eso, y andando por la calle es fácil ver carteles advirtiendo de los muchos casos de pederastia que dan información y números de teléfono para denunciarlos en caso de que veas algo raro. Aun así, es muy frecuente ver por la calle a turistas occidentales acompañados de alguna joven local, se supone que mayor de edad, sin ningún tipo de reparo.

DSC_1076 Pancarta defendiendo los derechos de las mujeres

A pesar de todo, Phnom Penh también tiene su lado bueno, y realmente es una ciudad que nos gustó mucho; no es la típica gran ciudad caótica como puede ser Ho Chi Minh City, Hanoi o Hué. Tuvimos la posibilidad de visitar sus principales museos y palacios, el National Museum y el Royal Palace. El primero muestra una grandísima colección de figuras y estatuas de antiguas civilizaciones, encontradas en Camboya a lo largo de la historia, algunas de ellas con un increíble nivel de detalle y muy buen conservadas.  Por su parte, el Royal Palace es una extraordinaria construcción de color dorado y techo triangular rodeada de unos preciosos jardines.

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También visitamos el Wat Phnom, el templo en el que se centra la leyenda de Phnom Penh y situado en uno de los puntos más altos de la ciudad, convertido hoy en día en una gran plaza. Se dice que por sus alrededores suele estar el elefante Sam Bo, que da paseos a los turistas que lo deseen, pero nosotros no vimos ni rastro de él. Lo que si vimos, y no nos esperábamos, fueron la gran cantidad de monos que habitan en la plaza, muchos de ellos bastante poco amigables, por decirlo de algún modo. Dan estuvo un buen rato intentando sacarles unas buenas fotos, hasta que uno de ellos se mosqueó y se le echó encima! Por suerte la cosa no fue a más y pudimos marcharnos sin ningún rasguño, pero el susto que nos llevamos ya no nos lo quita nadie.

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Llegamos a la capital de Camboya, Phnom Penh, después de pasar una noche en Chau Doc, un pueblo vietnamita situado casi en la frontera con Camboya al que fuimos en autobús desde Vin Longh. Desde Chau Doc, la mejor forma de llegar a Phnom Penh es en barco, siguiendo el río Mekong, pudiendo elegir entre el barco lento, 10 horas, o el barco rápido, 5 horas. Dado nuestro justísimo calendario y los pocos días que nos quedan de viaje, nos decidimos por el barco rápido, así llegaríamos al mediodía a Phnom Phen y tendríamos toda la tarde y el día siguiente para visitarla.

DSC_1034 Salida desde Chau Doc

El barco, una especie de lancha con unos 24 asientos comodísimos, sale de Chau Doc a las 8.00AM y al cabo de una hora y media llega a un sitio en medio de la nada donde te dicen que hay la frontera entre Vietnam y Camboya. Allí, nos bajamos del barco y en pocos minutos nos tramitaron el visado para Camboya, cuesta 23$ y es válido para un mes. Volvimos a subir al barco y en unas 3 horas y media ya llegamos a Phnom Penh, donde al desembarcar nos esperaban unos mil tuctuqueros, incluso con pancartas y carteles, ofreciéndonos taxis, hoteles, restaurantes y un sin fin de cosas más. Al puerto de Phnom Penh llegan muy muy pocos barcos de turistas al día, así que cuando uno llega allí es pura carne de cañón. Menos mal que ya estamos acostumbrados a casi todo y nos pudimos deshacer de todos ellos, aunque no fue nada fácil.

DSC_1036 Puesto fronterizo entre Vietnam y Camboya

Nos habían advertido de que en Camboya casi todo se paga en dólares, lo que hace que los precios de las cosas en general sean más caros que en países como Vietnam o Laos: suelen venderte las cosas usando múltiples de dólar y casi nunca algo más pequeño. Por ejemplo, si una Cola-Cola en Vietnam te vale 10.000 dong, poco más de medio dólar, en Camboya generalmente te la querrán vender por 1 dólar. Pensamos que una forma de evitar eso es usando la moneda del país, el riel, para pagar las cosas, así que nos fuimos a un banco a sacar algo de dinero. Cual fue nuestra sorpresa cuando nos contaron que los cajeros automáticos… ¡dan solo dólares! Así que la única forma de conseguir riels es sacando dólares y cambiando a riel, menuda estafa. Al final nos quedamos con los dólares y nos dimos cuenta de que muchas veces para devolverte el cambio de las cosas que cuestan fracciones de dólar usan riels, donde más o menos 0.25$ son 1000 riel.

DSC_1074Arriba: Camión de cerveza Angkor, la bebida nacional de Camboya.

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P. D. Unos dias mas tarde, en Angkor, nos encontramos a unos americanos que pensaban que la moneda nacional de Camboya era el dolar americano… Ay mare!

Tras nuestra corta pero intensa estancia en Ho Chi Minh City, cogimos un autobús hacia Vinh Long junto a Marta y Aitor, nuestros amigos vascos. Vinh Long es un pequeño pueblo en el centro del delta del río Mekong, en frente de un conjunto de islas que los sedimentos y el curso del río han ido formando a lo largo del tiempo, y que ahora están habitadas por pequeñas casas, en su mayoría de madera.

El plan inicial consistía en pasar dos noches en Vinh Long y otra noche en Cantho, donde se puede visitar un famoso mercado flotante, pero debido a la repentina enfermedad de Marta que la tuvo en cama un par de días, decidimos quedarnos un día más en Vinh Long y dejar tiempo para que Marta se recuperara.

Cuando nuestro autobús de Ho Chi Minh City llegó al pueblo, y tras el ya rutinario regateo con los locales para llevarnos al hotel donde habíamos pensado quedarnos, cayó la noche y Vinh Long echó el cierre. No habíamos comido en muchas horas y buscamos desesperadamente a alguien que nos diera de comer. Tras pasear por las oscuras calles del poblado, donde sólo las cucarachas se dejaban ver, encontramos a una mujer en frente de su casa, donde aún quedaba un grupo de chavales que terminaban de saborear la comida en los tipiquísimos pequeños banquitos rojos de plástico de Vietnam (cualquiera pensaría que sólo puede llegar a sentarse allí un niño de parvulario). Tras llevarnos las manos a la boca en señal de “comida, por favor”, nos ofreció los “manjares” que ofrecía en su pequeño hogar. La comida más asquerosa que hemos probado en todo el viaje. Gambas disecadas, verdura avinagrada, y como plato fuerte un arroz caldoso e insípido, recocido una y otra vez. Dan, que tiene un estómago de oro – y también de hierro – pudo comerse el arroz, pero el resto no probó bocado. Así son las cosas, unas veces se tiene suerte y otras no :P

Al día siguiente, y una vez con la barriga llena, dejamos a Marta en la cama y los demás nos fuimos a pasear y hacer fotos por Vinh Long. Es uno de esos pocos pueblos en la ruta turística en los que aún guardan la inocencia hacia el turista. Sonrisas y saludos, cordialidad sin ánimo de lucro. Algo que ya no esperábamos encontrar en Vietnam. Paseamos por sus sucias calles y su mercado de mil y un olores, comimos nuestro primer “elephant fish” frito y nos refugiamos de la torrencial lluvia que cayó hacia la tarde. Además, también aprovechamos para negociar con Nam, a quien conocimos en el puerto, uno de los planes estrella de nuestro viaje: un homestay en una de las casas de las islas.

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Nam, conductor y propietario de un barquito de madera muy apañado, nos recogió a las 7 de la mañana en nuestro hotel. Visitamos el mercado flotante, donde mayoristas en barcos enormes vendían a los locales fruta y verdura para vender en los pequeños mercaditos que hay en el pueblo; fuimos a una confitería donde vimos cómo hacían los típicos dulces de la zona y el papel y las palomitas de arroz (sí! existen las palomitas de arroz!); comimos en un restaurante donde pudimos descansar en unas hamacas comodísimas, y paseamos en bici por una de las islas, rodeados de un paisaje tropical increíblemente bonito. Tras caer la tarde, Nam nos llevó a casa de su cuñada, donde viven también sus hermanas y donde pasaríamos la noche. Allí pasamos el resto de la tarde y cenamos nuestro enésimo “elephant fish”, típico de la zona. Como sorpresa, nos llevó a pescar al río de noche. Marta y Margara fueron con ilusión, pero ésta se esfumó tras descubrir que Nam no contaba con ellas para la pesca: es una tarea destinada únicamente a los hombres! Evidentemente, sin la ayuda femenina los “machos” no pescaron ni un pez. Bueno, Nam uno, pero él ya tiene mucha experiencia y no cuenta :P

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Al volver de pescar nos encontramos con nuestro lugar para dormir. Una pareja dormiría en un dormitorio privado, y la otra en una especie de cama-tablón de madera en medio del pasillo. Evidentemente, al estar Marta enferma, dejamos que ellos durmieran en la cama “buena” y pasamos una de las peores noches que recordamos. Dormir encima de una tabla, con unas almohadas de 20 centímetros de grosor no es muy agradable. Y menos cuando cada media hora el bebé de Nam (monísimo, por cierto), nos despertaba llorando. Le perdonamos porque el pobre había cogido fiebre y porque llevaba un pijamita rojo que le sentaba muy bien :) Lo más fuerte es que para bajarle la fiebre le metieron en mitad de la noche en el río, pero en la zona que hay en frente de la casa, que son aguas estancadas en las que tiran de todo. Esta gente tiene un sistema inmunológico envidiable!

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El día siguiente empezó temprano: algunas mujeres de la casa se despiertan a las 4 de la mañana para ir al mercado. Dormitamos hasta las 8 y cogimos de nuevo el barco de vuelta a Vinh Long, donde nos esperaba el autobús que nos llevaría hasta Chau Doc, la frontera con Camboya!

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Tras unos fantásticos días en Hoi An, seguimos nuestro rumbo hacia el Sur de Vietnam. Nuestra siguiente parada era Ho Chi Minh City (antiguamente Saigón), la ciudad más grande de Vietnam y considerada la capital económica del país, que incluso dobla la población de Hanoi. Para llegar hasta allí podíamos elegir entre 19 horas de autobús o 1 hora en avión, y dado nuestro hartazgo de autobuses y lo barato del billete (poco más de 30 euros), nos decidimos a probar la compañía Vietnam Airlines. Íbamos con dudas sobre la seguridad del avión, pero al final resultó ser mucho más moderno que cualquier avión en Europa!

Ho Chi Minh City es una ciudad muchísimo más caótica que  Hanoi,  más sucia, con más motos y con más olores, pero a su vez más divertida de observar y con más encanto. Nos sorprendió muchísimo la cantidad de cables que cuelgan en todos los postes de la ciudad!

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En HCMC tuvimos la posiblidad de visitar algunos de los tristes recuerdos de la guerra del Vietnam, como el Museo de los Crímenes de Guerra, que recoge las horribles acciones realizadas por el ejército de Estados Unidos al pueblo vietnamita entre 1958 y 1975, incluyendo reproducciones de las prisiones, herramientas de tortura, armas y fotos de las malformaciones que sufren los descendentes de aquellos que sufrieron las armas químicas. Hay que destacar que el museo sólo muestra lo mucho que sufrieron los vietnamitas, pero no habla de qué les pasó a los presos de guerra americanos… Algunos cuentan que McCain (rival de Obama en las últimas elecciones), que fue prisionero de guerra durante 5 años, vino hace poco a Hanoi y dijo que los vientamitas le trataron genial y le daban 3 comidas al día e incluso cerveza! Pero a ver quién se lo cree, claro.

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También visitamos los túneles de Cu Chi, situados a menos de 100 Km al noroeste de HCMC, que eran ciudades bajo tierra que usaban los vietnamitas para refugiarse de los bombardeos americanos. Fue una red de túneles impresionante, una auténtica obra de ingeniería de la que hoy en día se conservan unos 120 Km (aunque llegaron a construir unos 250 Km) y que en su época les permitió cocinar, comer, dormir y guardar alimentos sin tener que salir al exterior. Actualmente los turistas tienen la posibilidad de entrar en uno de estos túneles, de poco más de medio metro de alto, y recorrer unos 120 metros bajo tierra ¡Os aseguramos que es una experiencia increíblemente claustrofóbica no apta para todo el mundo!

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Finalmente, en HCMC también hicimos muy buenos amigos. Nos reencontramos con Aitor y Marta, nuestros compañeros de viaje durante los 4 siguientes días para explorar el delta del Mekong, y conocimos a Felipe, un colombiano residente en Madrid, que venía de correr el Mongol Rally. Juntos nos fuimos de fiesta para descubrir la noche vietnamita y… ¡vaya tela! Sin querer entramos en la que seguramente es la mejor, y más cara, discoteca de Vietnam, llamada Pink Cadillac. Dentro,  música electrónica tan alta que la sentías rebotar dentro de todo el cuerpo, neones, y vietnamitas ricos y  algún que otro turista tonteando con jóvenes locales, suponemos que muchas de ellas prostitutas de lujo. Nos tomamos algunas copas al módico precio de ¡¡¡4 euros!!! (el equivalente sería que en España te cobraran 30)  para disfrutar de aquel ambiente tan surrealista y nos fuimos a dormir con la música aún en los oídos…

Tras un viaje de 18 horas en autobús desde Vientiane (inicialmente nos dijeron que eran 24…) llegamos de nuevo a Vietnam. Fue divertido pasar súbitamente de la tranquilidad de las carreteras de Laos a las caóticas y ruidosas vietnamitas.

Hué, antigua capital imperial, está claramente dividida entre la parte nueva y la parte vieja. En la parte nueva se encuentran la mayor parte de restaurantes y hoteles, mientras que la parte vieja, delimitada por una muralla espectacular, encierra calles estrechas y frenéticas, junto a su famosa ciudadela.

Pese a la cantidad de monumentos interesantes que hay en la ciudad (algunos son Patrimonio de la Humanidad), sentimos por primera vez  en el viaje que el cansancio superaba las ganas de visitar y dedicamos la tarde a recuperar fuerzas y pasear. Nos dio muchísima pena no podernos quedarnos más días, pero así tenemos excusa para volver a Vietnam!

Al día siguiente por la mañana cogimos un autobús hasta Hoi An, una ciudad muy turística pero con muchísimo encanto, situada a menos de 200 Km al Sur de Hué y conocida por sus playas y talleres de costura donde uno puede hacerse ropa a medida por precios increíblemente asequibles. Nosotros no podíamos ser menos y Dan se hizo un fantástico traje! Por fin dejará de ir a las bodas en vaqueros! xD

Toda la costa desde Danang a Hoi An, conocida como China Beach y área de descanso de los soldados americanos durante la guerra, es una gran zona de playa de arena blanca y aguas cristalinas. Gracias a que sólo determinadas zonas de la costa están aclimatadas para los turistas, China Beach te permite disfrutar de kilómetros de playa en solitario, o quizás acompañado de barcos pesqueros encallados en la arena. Una buena oportunidad para quitarnos el bronceado albañil tan glamuroso que llevamos!

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Hoi An también tiene una interesantísima gastronomía y cuenta con muchos platos propios de la ciudad, como el Cao lau, unos noodles distintos a los típicos que se comen en Vietnam,  White rose, que es gamba cocida al vapor envuelta en papel de arroz, y el Wonton, una pasta crujiente de arroz rellena de carne y verduras salteadas con piña. Buenísmo! Con diferencia la mejor comida que hemos probado en Vietnam.

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En Hoi An también nos reencontramos con Marta y Aitor, la pareja de vascos con los que compartimos aquellos inolvidables días en Sapa, en el Norte de Vietnam, y decidimos vernos de nuevo en el Sur dentro de unos días, para visitar el delta del Mekong.

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Arriba: Jugándonos la salud estomacal tomando zumo de caña de azúcar en un puesto de la calle.

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Arriba: Clases multitudinarias de artes marciales en la puerta de un colegio. La profesora era incluso más pequeña que la mayoría de sus alumnos, jaja.

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Arriba: uniforme tradicional de las “school girls”. Mucho más bonito que las faldas tableadas!

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